viernes, 29 de julio de 2011

Incomodarte.

Mírame, ...si, mírame, ...mírame, mírame. Que por tu oreja se cuele el sonido de mis pensamientos y hagan mover tus ojos hacia los míos, mírame, solo un poco, mírame… que yo te vengo observando desde que te sentaste en los asientos de esa plaza, que te vengo observando desde que te sacaste el sombrero, desde que prendiste el tabaco, desde que aprendiste a leer tu primera palabra. Huéleme…  solo un poco, huéleme, que te huelo desde que saliste de tu casa, y quizás de antes que entraras a la ducha, quizás hasta pueda oler el aroma de tu boca al prender el cigarrillo mañanero que tanto acompaña tus despertares, similares a los míos, siempre que haya logrado controlarme y no habérmelos fumado todos la noche anterior.
Mueve tus labios, tu lengua. Gesticula un saludo cordial y acércate, un poco, solo un poco, acércate mas y quizás logre saber a que sabe tu boca, sin que la acerques mucho, quizás adivinar, si es que el olfato da tregua contra tus barreras de silencio si almorzaste ravioles de ricota o arroz blanco.
Acaríciame, solo un poco, acaríciame, que yo vengo acariciando sueños y fantasías desde que comenzaste a afeitar tu rostro de púber. Acaríciame, solo un poco, acaríciame, acaríciame, acerca la yema de tus dedos, a las mordisqueadas yemas mías, a las nerviosas y duras huellas que agrédo cuando ya las uñas sufren las ansias desaforadas de mi impaciencia… solo acaricia mis yemas, y quizás yo pueda alcanzar el éxtasis de masajear la palma de tu mano y saber a que saben, a que huelen, a que suenan, a que se parecen, y a ver… si quizás aceptas ir a un bar y embriagarte junto a mi, a ver … si quizás con mi curiosidad logro incomodarte.

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