martes, 29 de marzo de 2011
Nacer, morir, crear...
Todo comenzó en 1953. Dos nacimientos traen a este mundo a Jorge y Eva. Ella, hija de un minero y una empleada, nace en el nortino Copiapó. El, hijo de obrero forestal y una campesina, nació en la lejanía sureña de Neltume.
Durante esos años la pobreza era mucho mas generalizada. Eva estudiaba en el liceo técnico y ayudaba a su madre a trabajar, Jorge solo llegaría a octavo básico a falta de un liceo en el poblado, teniéndose que dedicar al trabajo forestal.
Corren los 70’. Cada uno al extremo del país viven la Unidad Popular desde lo mas profundo, son parte del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Nadie espera la traición, ni el dolor, ni el miedo, ni la tristeza… nadie esperaba un 11 de septiembre de 1973. El, perseguido, huye a Argentina, volviendo un año después y siendo detenido en su ingreso y encarcelado. Por otro lado, Eva, sigue trabajando, pero el ambiente no es el mas seguro, decide autoexiliarse en España.
Después de casi 10 años, ingresan clandestinos al país.
Corre 1985, llegan a la comuna de Ercilla, Novena región de la Araucanía. Ahí se conocen, y no se separarían mas.
La adolescencia hace años emigro de sus cuerpos y mentes, son adultos, treinta y cinco años de experiencia y vida.
Supongo, en el verano de 1988 engendran a su primera y una hija, quien soy yo. Nací en Santiago, un 30 de octubre del mismo año.
Clandestinos, consiguen llevar a Eva a una clinica, con identidades falsas y gracias a la ayuda de un gran amigo, Ángel , quien la logra registrar como su hija. Todo sale bien, ahora solo hay que huir, esconderse, fingir, mantenerse con vida.
Siempre recuerdo a Eva haberme dicho alguna vez… hija, yo llebava un revolver, por si me detenian, preferia morir, morir y matarte , que haberte dejado solita, viviendo quizás, una vida que no te correspondia…
Acaba la dictadura, mas no nuestra clandestinidad. Durante 1990 y 1992, recorrimos gran parte del sur de Chile. En muchos lados Eva fue hija de Jorge, o fueron los bien llamados Profesores, por la ropa que llebavan, también yo, fui hermana de ellos, fui hija de mis tíos y hermana de mis primos, hasta que nos legalizamos. Fue cuando conocí sus nombres y sus apellidos aunque luego nunca los volviera a usar..
Creo que después de esto pudimos respirar mas pausadamente, asentarnos en un lugar y llevar una vida de ciudadano, la única vida a la que pudimos optar para vivir.
Pero no todo acaba aca. Con los años fui creciendo, se fueron abriendo ventanas en mi caminar.
Vivi una vida marcada por revoluciones y rebeldía. Pero…¿puedo revolucionarme mas aun?
La vida ya era cansadora, aturdida, llena de falsos ideales incrustados como garrapatas en sistema de poderes obsoleto y colapsado por el individualismo egoista, ese que no le importa pisarle las cabezas al resto con tal de conseguir el placer edonista que nos marca como sociedad.
La vida se había vuelto insipida, plagada de autómatas que se levantavan temprano a la mañana, tomaban la micro y se afirmaban para no caerse, que se bajaban de esta y corrían a sus lugares de trabajo, que salian a almorzar en media hora, mas bien tragar, para luego volver a trabajar mientras los procesos digestivos hacían la cabeza mas pesada y quitaban las posibilidades de imaginar y crear. Despues de vuelta a la micro, dormir parado llegar a la casa, sentarse, comer, ver tele, dormir, y levantarse nuevamente.
Si hoy, desde la muerte - les cuento que eso del cielo y el infierno no existe - lo pienso, creo que fue la mejor y mas armónica opción, a pesar de lo que puedan decir de mi los seres vivientes insipidos, cosa que tampoco me importa, lo pienso y lo pienso y lo veo y fue lo correcto, amarrar los explosivos, haber entrado a La Moneda, como simple turista sureña, y haber volado todo, el bello fuego…son esos arranquen misantropos que todos tenemos, ese impulso del querido destruit, para después construir.
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