Nací en un antiguo país de color sangre, de olor humo, de sonidos traidores, un país de texturas ásperas, y sabor agrio.
Desde mi nuevo país, todo se ve distinto, desde aquí no hay fronteras, y el cielo jamás se nubla, siempre es celeste o azul profundo. A veces, pájaros escamados pasean por los cielos, las medusas iluminan como estrellas, y arañitas multicolores caminan como en la luna. Desde aquí todo es distinto, la hierba no es azotada por el viento, y a veces, delfines y ballenas vuelan en el cielo.
Pero yo no paseo, no vuelo, tampoco puedo brillar y mucho menos caminar como por la luna, a saltos, por que este hermoso país es mi prisión.
En mi antiguo país, camine… camine y corrí… y fui feliz, por que creí en ti, creí en mis amigos, creí en la gente y creí también en mi. Pero cuando creí en la gente, en toda, no pude distinguir entre ellos a la muerte. Y confié… confíe y me enjaularon en un recipiente de 2 x 2... Y revise mi vida, trabajando en la escuelita del pueblo, con niños de harapos, de mejillas rosadas, de calidas miradas y de sonrisas descuidadas, de uñas sucias y juegos fáciles, niños recolectores de semillitas redondas, niños que perforaban la tierra y jugaban, y fui feliz, a pesar de lo precario…
Conocí a sus padres y conocí sus desigualdades, vi. sus manos roídas, sus ojos cansados y sus sonrisas, al igual que los niños, descuidadas, pero optimistas, positivas, llenas de muecas de cambio y de sueños, y soñé con ellos y me confundí en la multitud, por que yo también tenia las manos roídas… por el frío de las mañanas antes de entrar a la escuelita, me confundí en la multitud por que también tenia los ojos cansados, de pensar y maquinar ideas y proyectos para vivir en un mundo mejor, me confundí, en la multitud, porque mi sonrisa era descuidada y llena de muecas de cambios y sueños, por que yo también fui parte de ti.
Y así conocí el amor a la vida, a la libertad, el amor a la igualdad, y el amor a Nico, que tenia las manos roídas, los ojos cansados y la sonrisa llena de muecas de cambio y sueños, y caminamos de la mano, junto con la multitud por que éramos iguales.
Pasado el tiempo, a la multitud le crecieron sombras terroríficas, sombras que no se sabia de donde provenían, sombras del norte luego deducimos, estas nos aplastaron… luchamos, como pudimos… y vi a Nico, lo vi caer entre gases tóxicos, aguas putrefactas, vi las estrellas fugases apagarse en su pecho, en su cara y en sus piernas, y vi su vida derramada en la vereda y con el se fue un pedazo de mi vida.
Y continué como pude, en mi antiguo país, caminando, saltando, gritando y corriendo, escapando, tratando de no morir.
En mi puerta, se instalo un triangulo rojo, y desaparecí, y nadie me vio, solo las sombras terroríficas que perseguían a la multitud, las sombras, las asesinas sombras, me enceguecieron con los trapos de la barbarie, me quitaron las uñas… quemaron mi espalda y arrancaron mis cabellos, maduraron a palos mi rostro y ya no me quedaban sonrisas visible, mas electrocutaron mi alma y me ultrajaron la ultima migaja de dignidad…
Sepulte todo lo que sabia apelando al silencio y recibí por castigo el silencio eterno, condenada a un riel de tren, a un alambre de púas atando mis manos torturadas, aferrando lo poco que quedaba de mi cuerpo a la muerte. La capucha en la cabeza, el nylon, negro como las sombras que me asechaban, El nylon… el nylon que agitaba la respiración errante, fatigada por mi esqueleto maltratado. El silencio se hacia cada vez mas profundo.
Y a la vez sonaba, tucutucutucutucutucutucutucutucutucu tucutucutucutucutucutucutucutucutucutucutucutucutucutucutucutucutucutucutucutucutucu… y a la vez se escuchaba “Te perdí… la culpa fue mía” y a la vez alguien decía, “ustedes perdieron… ahueonaos, ustedes cagaron, y quien chúcha los va a venir a buscar acá, están cagaos maricones culiaos… ¿Qué se creen ustedes… no son nadie, si nadie los ve?”
Sonó finalmente el “chic” y el “shuuup”, y mi nariz fue sorprendida por un olor calido, luego de años del hedor a sangre, a orina, al cabello quemado, al cigarrillo de las sombras terroríficas que de a poco nos quitaban la vida… ese olor era puro… ese olor me sabio a espanto…
Y me obligaron a volar con los rieles en la espalda y los alambres perforando mi cuerpo, mientras el nylon no dio tregua, calo por mi nariz y mi boca y aprisiono mis ojos ciegos, y rompí la marea con el cuerpo, me sumergí… rápido, conciente y desesperada, no hay aire, no hay luz, solo hay sombras desde lo alto…
Y cayeron mas y mas, en mi silencio adormecido, solo escuchaba el romper en la superficie.
Con el tiempo, pájaros escamados rompieron el nylon y me permitieron ver, y vi que todo era distinto desde el fondo, abrí la boca y sonreí a las medusas que iluminaban queriendo sacarme carcajadas, y las arañitas multicolores subieron por mi prisión de fierro, queriendo hacerme cosquillas, quizás solo una caricia.
Desde aquí todo es distinto, los peces vuelan, las medusas son estrellas y los bichos son arañitas de ensueños. Y me siento privilegiada de compartir con seres tan nobles, lo único que no a cambiado, es que sigo atada a los rieles de la tortura, amarrada a la masacre, pero mantengo la sonrisa descuidada llena de muecas de cambio y de sueños, y a veces sueño, sueño que vuelo eternamente,